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Acabar con la pobreza, un anhelo en Quintana Roo

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Por Daniel Osorio García
 
La pobreza es cruel, pero es un mal real que padecen millones de mexicanos, es, por más que se quiera ocultar, la lamentable situación y condición económica de nuestros connacionales, a los que el gobierno, en sus tres órdenes, no han podido hacerles valer las líneas de la Constitución que garantizan una vida digna en igualdad de condiciones, con una educación y salud de calidad.
Son millones de mexicanos, los que, lamentablemente, año con año se suman a las estadísticas de familias que carecen de lo básico para sobrevivir dignamente, que tienen un hogar, trabajo y salarios justos que les permite obtener, con su mano de obra, los alimentos y poder acceder a servicios básicos como la energía eléctrica, el agua o bien servicios públicos.
 
A pesar de que los gobiernos de la “Cuarta Transformación” se han ufanado en afirmar que las condiciones económicas del país han sido adversas pero que se han superado, las cifras, al menos de la gente que está en condición de pobreza, señalan que falta mucho por hacer, que el camino para abatir rezagos y atender a los que menos tienen es largo y sinuoso.
 
Son millones en México y de ellos Quintana Roo aporta la preocupante cifra de 812 mil 100 personas (poco menos de la mitad de su población) que están en situación de pobreza, y eso lo reporta el Informe Anual sobre la Situación de Pobreza y Rezago Social, quien se encarga, de manera oficial, de medir estos asuntos, que a nadie agrada, especialmente a los gobernantes en turno, pues se les exhibe lo poco o mucho que en materia social han realizado, sus logros y sus retrocesos.
La situación en Quintana Roo no es diferente. En cada colonia popular, en cada pueblo, hay, a simple vista, la marginación, la pobreza, la falta de servicios públicos y nadie puede decir con certeza cuántas personas están inmiscuidas, cuántas familias realmente necesiten de asistencia, de ayuda, porque no conviene y porque el gobierno es incapaz de hacerlo.
Lo paradójico, pero eso no quiere decir que no sea real, que nos quieran hacer creer que “las condiciones de vida de los quintanarroenses mejoraron en el último año, toda vez que 80 mil 775 personas dejaron de ser pobres, esto se debe a que se contabilizaron 812 mil 100 quintanarroenses en condición de pobreza, cuando en 2023 se registraron 892 mil 875”.
Y en respuesta a esas cifras, el Gobierno del Estado, que encabeza Mara Lezama, dio a conocer el presupuesto destinado en el Plan Estatal de Desarrollo (PED) 2023-2027, plantea llevar, a todos los rincones de nuestra abatida entidad, el bienestar, obras y servicios públicos y con ello elevar, sin duda, la calidad de vida de la población.
Pero esa promesa del Plan Estatal de Desarrollo, seguirá siendo promesas, aquí se pone a prueba y se constata que a poco menos de dos años y medio de la administración estatal, aún no hay indicios de mejoría y, por el contrario, los quintanarroenses ven con preocupación los índices inflacionarios, pues los incontrolables aumentos en los precios de los productos de la canasta básica y servicios elementales siguen al alza, dificultando aún más la subsistencia.
Sin embargo, no sólo son con palabras, promesas y ofrecimientos como se gobierna, se tienen que emprender acciones, primero de acercamiento con la gente que en verdad está necesitada, que requiere ayuda, escucharlos y tenderles la mano, porque han sido muchos los años que han sido ignorados, de vivir en las sombras, en la cruel pobreza. Hoy se les debe cumplir, esa es la exigencia, ahora esperan la respuesta.
Es necesario resaltar que la inmensa mayoría de habitantes de las colonias populares de Quintana Roo se les ha privado de oportunidades para alcanzar las condiciones óptimas de bienestar, de tal forma que hasta al día de hoy nadie, ninguna autoridad de gobierno ha hecho algo eficaz para revertir los impactos negativos de la pobreza, pues pese al gran esfuerzo laboral de los trabajadores, muchos de ellos siguen sufriendo porque sus ingresos no les alcanza para los gastos del hogar, y para rematar, en sus colonias viven todavía en casas hechas de paredes de madera y techos de cartón, donde tampoco cuentan con los servicios elementales.
Esto es la verdad, toda vez que no hay trabajo suficiente y el poco que existe es mal remunerado, miles de quintanarroenses aún siguen sin poder conseguir un empleo digno, por ello es urgente que los trabajadores se organicen y exijan mejores condiciones, para eso tienen que educarse y estar conscientes que la explotación al que están sometidos tiene un por qué y tienen que luchar para revertirlo.

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